64. Por fin terminó.
~Rowan~
No creí que esta maldita ceremonia fuera a ser tan eterna. El padre se tomó su tiempo con una oración que me pareció infinita, leyó pasajes de la Biblia y luego vinieron esos votos llenos de promesas ridículas. Por fin llegamos al intercambio de anillos, que era lo único que realmente me interesaba.
Deslicé la argolla de oro en el dedo de Ivette y ella hizo lo propio conmigo, con manos algo temblorosas.
—Puede besar a la novia —anunció el sacerdote, soltando las palabras que daban fin