63. La boda.
~Ivette~
El gran día finalmente llegó y los nervios me tenían hecha un manojo de hilos. Sabía que no sería una ceremonia sencilla; el señor William se había encargado de que todo ocurriera en una de esas iglesias monumentales, con invitados de alcurnia y la prensa. Me sentía como un bicho raro fuera de su pecera.
Tenía a mi alrededor a dos estilistas que mi suegro contrató expresamente para que no quedara ni un solo detalle fuera de lugar. Se turnaban, retocando cada mechón de mi cabello y pul