45. En su espalda
~Ivette~
Después de lo aprovechado que se portó en el ascensor, esto era lo menos que me debía este muñequito de plástico. Y ay de él donde no me ayudara a fingir que nos bajábamos la luna y las estrellas delante de mi pobre madre. Yo no iba a permitir que ella se angustiara por mi culpa; ya bastante tenía con lo suyo.
—Sí... su hija y yo tenemos una buena convivencia, señora —soltó el mentiroso después de lo que me pareció una eternidad—. No tiene por qué preocuparse, la cuido bien.
«Sí, cómo