“¿Estás bien?”
La voz de Lucian cortó el silencio del auto, con sus ojos fijos perezosamente en la pequeña figura de Aria. El vehículo solo llevaba quince minutos deslizándose por las tranquilas calles de Italia, no es que Aria estuviera contando o suplicándole a las estrellas que la dejaran salir de su espacio por una vez.
Su cabeza descansaba contra el frío cristal de la ventana, con la mirada pegada al mundo que se desdibujaba afuera. No lo miró, ni siquiera se movió lo suficiente como para