Capítulo ciento treinta y dos
La oscuridad de la noche no opacaba las loces ntensas y anaranjadas que las velas desprendían, cada integrante de la manada, vestido de blanco, llevaba en sus manos una vela por persona. Ellos tenían una cultura y ceremonia diferente a la de los humanos, es por eso que cada uno tenían un accesorio de plata con un dije azul, representando a la diosa luna con esos dos colores, el blanco representando puresa, para que el camino de los seres queridos que pasaron a ser almas siguieran su camino a la