Habían pasado veinticuatro horas desde el accidente y Heriberto seguía celebrando, no imaginaba que su jugada le iba a salir mejor de lo que pensó, no obtuvo el tan preciado computador, pero sí sacar a la más fuerte del juego.
En todo ese tiempo, David y Alfredo se hacían una gran pregunta, ¿Dónde estaba Pedro?, ¿Por qué aún no aparecía a llorar la muerte de su esposa?
David con eso en mente baja a la sala, donde estaba Alfredo con su teléfono en mano, llamaba a su padre y este lo enviaba a