CAPÍTULO — El Miedo que Nace, el Amor que Contiene
(Punto de vista de Milagros)
El video aún seguía reproduciéndose en la notebook cuando Ayden apoyó la cabeza en mi hombro, como si también necesitara sostén, aunque él siempre intentara mostrarse de hierro. Los latidos de los bebés llenaban la habitación, repetidos, constantes, hipnóticos. Ese sonido ya no era solo un registro médico: era mi nueva forma de respirar, de existir.
La casa estaba en silencio. Habíamos despertado tarde, sin alarma