La vio quedarse arrecostada a una pared y compro dos sodas de naranja, eran de las favoritas de la pelinegra cuando estaban en la universidad, sus ojos la miraban como la niña indefensa que debía volverse dura como roca, pero que era muy vulnerable.
-Mira -Le tendió la bebida – Vamos a la banca de allá atrás – Dijo el pequeño hombre a la fémina.
Ann lo miro con fastidio, pero su corazón se calentó ante el gesto, siempre todos estaban dispuestos ayudarle, de una u otra manera también Nicolae la