Capítulo veinticinco

El mes siguiente pasó volando. El nuevo arreglo entre Theresa y Sandro funcionaba bien; sus comidas juntos eran civilizadas, incluso agradables, y las citas con el médico resultaban menos difíciles gracias al silencioso apoyo de Sandro. Él cumplía su parte del trato, limitándose a observar y sin interferir nunca, pero solo con tenerlo allí marcaba una gran diferencia en el bienestar de Theresa.

Lo que más sorprend&ia

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