De todas las escenas absurdas que podrían existir, encontrarse, siendo lo primero al bajar la escalera, a Dorian cocinando, era algo que parecía irreal. Sobre todo, porque la imagen que ella tenía de él era de un hombre que no tenía nada relacionado con las tareas domésticas. Sintió un calor a su lado, mientras miraba por la rendija de la escalera y al girar el rostro se sobresaltó. Se llevó la mano a la boca para contener el gemido.
-Buenos días preciosa ¿qué admiras? ¿A tu esposo cocinando?
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