Tarde para elegir.
Estupefacta Analía observó a Dylan, ya que siempre que se mostraba coqueta él la tomaba como león hambriento, pero ahora ni la miró con lujuria, sino que notó en su mirada algo distinto.
— ¡¿Qué demonios te pasa, Dylan?! —preguntó atormentada.
—Es que hay algo que necesito decirte y no sé cómo hacerlo.
—Tranquilo, puedes decirme lo que sea, sabes que soy comprensiva.
— Analía, lo que te voy a decir puede sonar injusto para ti, pero necesito ser sincero —manifestó Dylan mientras se acercaba a el