Sinceridad cruda.
Continuación:
Darían miró a Bryan por unos segundos, sintiendo un nerviosismo que apenas podía ocultar y con voz apenas audible, contestó:
—Aunque me muero por ridiculizarte, no quiero ir a ver a tus padres con mi uniforme de pasante y necesito tomar un baño.
Tan pronto como Darían terminó de hablar, Bryan la agarró del brazo y le abrió la puerta del coche.
—Entra, tengo todo listo —le dijo, y ella lo miró con recelo.
—Sabes que, por tu culpa, este último mes he tenido que andar en taxis más d