Mujer impredecible.
Judith observaba a Dylan aún perdida, no había comprendido nada, entonces preguntó:
—¿Cómo…?
—No hay luz en el segundo y en el tercer piso—respondió él al fin aclarando lo que trataba de informar, y ella se encogió de hombros a la vez que pensaba:
«Eso no es de mi incumbencia», se mordió la lengua para no largarlo, porque cuando se reciben piedras es justamente lo que devuelves.
—Llama a la empresa de electricidad— le aconsejó restándole importancia y continuó hacia la cocina.
—Ya lo hice y no