Margaret respiró hondo, inclinándose hacia adelante como si intentara contener el nudo que se le formaba en el pecho. Su madre, en cambio, mantenía la vista fija en las manos, entrelazando los dedos una y otra vez, en un gesto mudo de arrepentimiento.
Fue en ese instante, justo cuando la emoción estaba por desbordarse, que Adrien aprovechó la grieta emocional y se levantó de su asiento. Sus pasos resonaron suaves sobre el piso mientras se acercaba a Margaret. Sin pedir permiso, se colocó a su lado y le tomó la mano con una ternura cuidadosamente medida, como si hubiera esperado exactamente cuándo intervenir.
—No tienes que cargar con esto sola —murmuró, inclinándose hacia ella—. Lo pasado no define lo que puedes hacer ahora. Margaret… a partir de hoy, puedes recuperar todo lo que te corresponde. Y yo estaré contigo. Te ayudaré a recuperar el control de la empresa, de tu nombre, de lo que él te quitó.
Margaret alzó la mirada. Agradeció el gesto, pero algo en su interior no terminaba de