El amanecer llegó sin que Margaret conciliara el sueño. La noche entera la había pasado en vela, mirando el techo, repasando una y otra vez lo ocurrido.
Cada palabra, cada mirada de Lucien.
Durante años había deseado una sola cosa: que él la mirara como a una igual, que se detuviera a preguntarle si estaba bien, que la tratara con amor, pero eso fue completamente imposible.
No iba a permitir que una falsa muestra de amabilidad desmoronara lo poco que quedaba de su orgullo.
Lucien siempre habí