—¡Lucien!
El grito de Lorain atravesó el sótano justo cuando él estaba a punto de desaparecer por las escaleras. Su voz salió con tanta desesperación que lo obligó a detenerse. Durante un instante permaneció inmóvil, con la espalda aún hacia ella, como si estuviera decidiendo si valía la pena escuchar otra palabra más. Sin embargo, algo en aquel tono —quizá la rabia descontrolada que lo acompañaba— lo hizo girarse lentamente.
Cuando volvió a mirarla, Lorain ya no tenía la expresión de antes. Su