Margaret sostuvo la copa entre los dedos apenas unos segundos más antes de dejarla sobre la mesa más cercana. Se estaba empezando a sentir exasperada en la famosa reunión de Adrien, sobre todo, porque él, no había llegado.
Respiró hondo.
—Adrien —dijo finalmente, girándose hacia él—. Creo que ya es hora de que me vaya.
Adrien, que estaba a punto de presentarla a otro invitado, se quedó quieto. La miró con sorpresa, como si no hubiera esperado esas palabras tan pronto.
—¿Irte? —repitió—. Pero si