Ninguna de las dos se acercó a abrir, sin embargo, la puerta no tenía seguro y se abrió de repente. Adrien entró sin permiso, sonriendo expresivo.
—Buenas ¿Puedo pasar? —preguntó, y Margaret suspiró, no entendía ni siquiera porque había hecho la pregunta, si es que ya estaba adentro.
—Adrien, adelante, días sin vernos. —respondió, sonriendo con desgano.
Adrien entró sin prisa, observándola con atención. Había algo en su expresión que le indicó a Margaret que no se trataba de una visita casual.