Mundo ficciónIniciar sesiónEl llanto de Aurora despertó a Evelyn antes del amanecer. Durante unos segundos permaneció desorientada, con el cuerpo adolorido y los ojos pesados, hasta que vio a la bebé moverse dentro de la cuna transparente junto a su cama.
Intentó incorporarse con rapidez y el dolor del parto la obligó a hacerlo despacio. Tomó a Aurora entre sus brazos, comprobó que la manta estuviera bien puesta y empezó a mecerla, pero el llanto no disminuyó.
—Estoy aquí, mi amor. Solo tienes que ayudarme un poco porque mamá tampoco sabe qué está haciendo todavía.
Le habló con una sonrisa cansada, aunque por dentro sentía miedo. En la universidad podía escuchar un discurso lleno de términos técnicos y encontrar equivalencias en segundos. Podía seguir conversaciones en otro idioma, tomar notas y mantener el sentido incluso cuando el orador aceleraba. Sin embargo, frente a una bebé de pocas horas, se sentía completamente principiante.
Revisó el pañal sin estar segura de hacerlo correctamente, intentó acomodarla para alimentarla y finalmente presionó el timbre para llamar a una enfermera. Pasaron varios minutos. Aurora lloraba cada vez más fuerte y Evelyn volvió a pulsar el botón, frustrada por su propia impotencia.
Cuando una enfermera entró, venía agitada y se disculpó de inmediato.
—Perdone la demora. Tenemos parte del personal ocupado en otra planta.
La mujer revisó a Aurora y sonrió.
—Solo tiene hambre y necesita un cambio de pañal. Es normal que al principio cueste reconocer las señales.
Evelyn observó cada movimiento. La enfermera le mostró cómo limpiar a la bebé, cómo ajustar el pañal sin apretarlo demasiado y cómo sostenerla durante la alimentación. Evelyn hizo preguntas, repitió los pasos y pidió intentarlo ella misma.
—Aprende rápido —comentó la enfermera.
—Estoy acostumbrada a estudiar bajo presión.
La mujer rio mientras ordenaba los elementos utilizados.
—Ojalá todos tuvieran esa paciencia. Hoy estamos corriendo de un lado a otro porque un director ejecutivo prácticamente reservó medio hospital para su novia. Está preparando todo para un posible trasplante y nadie puede tardarse ni un minuto con ella.
Evelyn sintió que la espalda se le tensaba.
—¿Su novia?
—Eso dicen. Una joven con leucemia. Él no se ha separado de ella desde que llegó.
La enfermera siguió hablando sin notar el cambio en su expresión. Evelyn no la corrigió. No dijo que Alexander Blackwood era su esposo ni que la mujer a la que todo el personal consideraba su novia era Scarlett. No tenía fuerzas para explicar un matrimonio que, desde afuera, resultaba incluso más absurdo de lo que ella misma quería aceptar.
Miró a Aurora. La niña había dejado de llorar y ahora bebía tranquila.
Durante años Evelyn había cubierto silenciosamente funciones que nadie reconocía como trabajo. En cenas de negocios, cuando algún invitado extranjero tenía dificultades para expresarse, Alexander simplemente giraba hacia ella y esperaba que resolviera la conversación. Evelyn interpretaba, aclaraba una frase o evitaba un malentendido y después volvía a ocupar su lugar en la mesa como si no hubiera hecho nada especial.
Una vez había ayudado a cerrar una conversación complicada con dos empresarios franceses porque el intérprete contratado se retrasó. Alexander se limitó a decirle después que había sido “útil”. Ni siquiera preguntó dónde había aprendido a manejar una conversación comercial de esa manera.
Para él, sus idiomas eran otra habilidad conveniente de la señora Blackwood. Nunca una profesión. Nunca una pasión.
La puerta se abrió antes de que Evelyn pudiera seguir pensando. Alexander entró acompañado por Scarlett. La enfermera se puso rígida, probablemente comprendiendo de golpe a quién había llamado “novia”, y salió con una disculpa apresurada.
Scarlett llevaba una sonrisa luminosa.
—Tenemos buenas noticias. La compatibilidad inicial salió favorable.
Evelyn acomodó mejor a Aurora contra su pecho.
—¿Qué significa exactamente?
Alexander respondió antes que Scarlett.
—Que podemos seguir con los estudios. Si todo sale bien, los médicos podrían preparar el tratamiento en unos meses.
—¿Y ya hablaron de alternativas?
Scarlett perdió un poco la sonrisa.
—Todavía no es necesario. Esto es lo que más esperanza me da.
Se acercó a la cama y miró a Aurora con una expresión tierna.
—Es increíble pensar que una niña tan pequeña pueda ayudarme tanto. Supongo que llegó en el momento perfecto.
Evelyn sintió un rechazo inmediato. No gritó ni levantó la voz. Simplemente sostuvo a Aurora un poco más cerca.
—Aurora no llegó para cumplir ninguna función en tu tratamiento.
Scarlett parpadeó.
—No quise decirlo así.
—Entonces deja de hablar de ella como si su nacimiento tuviera un propósito médico.
Alexander la miró con fastidio.
—Scarlett solo está agradecida.
—Puede estar agradecida con los médicos. Mi hija acaba de nacer y todavía no quiero escuchar que existe para salvar a alguien.
Scarlett bajó la mirada. Sus dedos se cerraron alrededor del borde del abrigo.
—No entiendo por qué me tratas como si quisiera hacerle daño. Es mi sobrina. Yo también la quiero.
—Todavía no la conoces.
—Evelyn —advirtió Alexander.
Scarlett respiró con dificultad y se llevó una mano al pecho.
—Tal vez tiene razón. Quizá soy egoísta por alegrarme. Solo pensé que después de tantos años enferma podía tener una oportunidad. Pero si Evelyn prefiere conservar todo para Aurora, incluso aunque nunca llegue a necesitarlo…
Evelyn la interrumpió.
—No pongas en mi boca una decisión que nadie ha tomado.
Scarlett levantó los ojos húmedos.
—Entonces, ¿qué estás diciendo?
—Que quiero información. Quiero saber qué se conserva, cuánto, qué riesgos existen, qué alternativas tienes y qué consecuencias tendría usarlo. Preguntar antes de decidir sobre algo relacionado con mi hija no me convierte en una mala persona.
—Nadie dijo que fueras mala —respondió Scarlett con un hilo de voz—. Solo me asusta pensar que tal vez podrías dejarme morir por algo que Aurora quizá nunca use.
Evelyn se quedó mirándola. Aquella era la Scarlett que conocía: no necesitaba acusar directamente. Le bastaba con construir una frase donde ella apareciera como víctima y los demás completaran el resto.
—Querer proteger a mi hija no significa querer tu muerte.
Alexander dio un paso hacia la cama.
—No hace falta llegar a este nivel. Los médicos decidirán qué es lo más conveniente.
—Los médicos informarán. Los padres decidiremos lo relacionado con Aurora.
La frase lo sorprendió. Por primera vez desde el parto, Alexander pareció recordar que aquella decisión también lo involucraba como padre. Miró a la bebé. Aurora había terminado de comer y Evelyn le daba pequeños golpecitos en la espalda siguiendo las instrucciones de la enfermera.
Scarlett notó hacia dónde iba su atención.
—Lo siento —murmuró de pronto.
Su cuerpo se balanceó.
Alexander reaccionó antes de que Evelyn pudiera decir nada. La sostuvo por la cintura.
—Scarlett.
—Estoy bien… solo me mareé.
—Siéntate.
Scarlett negó con la cabeza y apoyó el rostro contra su pecho.
—No quería venir a causar problemas. Solo estaba feliz por los resultados.
Evelyn cerró los ojos un segundo. Aquella escena era demasiado conocida. Scarlett hacía algo hiriente, Evelyn respondía y, de algún modo, terminaba siendo ella quien debía disculparse.
—No la he tocado —dijo antes de que Alexander pudiera acusarla de algo.
—Nadie está hablando de eso.
—Todavía.
Scarlett soltó un pequeño gemido y sus piernas parecieron perder fuerza. Alexander la abrazó con firmeza. Cuando volvió a mirar a Evelyn, la ternura que usaba con Scarlett había desaparecido.
—¡Basta! —ordenó con voz severa.
Aurora se sobresaltó entre los brazos de Evelyn. Ella bajó la vista de inmediato y la protegió contra su pecho, mientras algo dentro de sí se endurecía un poco más.







