Capitulo 49

Esta vez no se quedó de brazos cruzados.

Esa era la diferencia — la única diferencia que importaba. Hace cinco años había dejado que todo se desmoronara con la facilidad pasiva de un hombre que se decía a sí mismo que la distancia era dignidad. Había visto a Elara sufrir, lo había llamado inevitable y había mantenido las manos en los bolsillos.

No esta noche.

Se quedó frente a su puerta y llamó.

Silencio.

“Elara.” Mantuvo la voz baja, firme. “Quiero hablar contigo. Necesito que me escuches.”

Na
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