Los socios miraron a través de la mesa a Elara y le sonrieron cálidamente.
—Gracias por dedicarnos unos minutos —dijo el mayor—. Sabemos que es mucho pedir, considerando que faltan apenas unos días para tu boda.
Elara asintió con gracia.
—Tenía que venir. Lo que fuera que tuvieran que decirme valía la pena escucharlo en persona.
Ellos se miraron entre sí y luego a ella y a Victor con las expresiones satisfechas de personas que estaban a punto de dar buenas noticias.
—Ustedes dos han sido excepc