“Firma aquí,” dijo con calma, pero firme.Empujó los papeles del divorcio sobre la mesa.La joven mujer de aspecto amable frente a él se quedó paralizada. Lentamente los recogió, mirando con incredulidad. Nunca había imaginado que este matrimonio llegaría a su fin.Reuniendo la poca fuerza que le quedaba, preguntó con voz quebrada, como si los papeles pudieran convertirse mágicamente de documentos de divorcio en un título de propiedad:“¿Qué es esto, Victor?”Victor apretó los dedos con fuerza.“Mira, Elara,” dijo, levantando la mirada para encontrar la suya directamente, sin emoción.“No quise este matrimonio desde el principio,” dijo Victor firmemente. “Fue mi padre quien me presionó para ello.”Elara escuchó, con dolor extendiéndose por todo su cuerpo. Entendía completamente lo que quería decir, solo que no quería aceptar la realidad.Continuó, con voz firme.“Por eso, en todos estos cinco años, dormimos en dormitorios separados. Incluso el contrato de matrimonio mostraba que no ha
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