El peso del papel
Elara se sentía atrapada. La habitación parecía cerrarse a su alrededor — las paredes, el escritorio, el aire mismo presionando contra su pecho como un puño. Se levantó de su silla lentamente, como si su cuerpo aún no hubiera decidido si creer lo que sus ojos acababan de leer.
Esto no puede ser verdad.
Se movió sin pensar, caminando de un lado a otro por su oficina, de ida y vuelta, de ida y vuelta, el ritmo siendo lo único que la mantenía en pie. Y entonces se detuvo. Se giró