Los dedos de Maya se congelaron alrededor del teléfono. La pantalla brillaba con esa única línea, la foto de la pequeña cabaña de la abuela Nan, nítida e inconfundible. Alguien la había tomado desde afuera, lo suficientemente cerca como para ver las macetas que ella misma había ayudado a Nan a plantar el mes pasado.
“Cancela la boda o la anciana muere esta noche.”
Su estómago cayó como una piedra. Sintió cómo la sangre se le iba de la cara, pero Damson ya estaba allí, sonriendo con esa misma so