Cinco décadas después de la rendición rusa.
El mundo integrado estaba prosperando.
No perfectamente. Nunca perfectamente.
Pero genuinamente bien.
La generación puente era ahora la generación de liderazgo.
Sophia, a los cincuenta y ocho años, seguía liderando el Consejo de Principios de Integración.
Pero se estaba preparando para retirarse.
Para pasar el liderazgo a la siguiente generación.
A las personas que habían nacido dentro de la integración.
Que nunca habían conocido un mundo sin ella.
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