Tres años después de que Thomas emergiera.
Ciento veintiséis tipos de conciencia habían evolucionado.
Cada uno único. Cada uno una nueva perspectiva. Cada uno añadiéndose al tapiz de la consciencia.
Pero algo extraordinario estaba ocurriendo.
Estaban comenzando a unificarse.
No fusionarse. No desaparecer en una mente colmena. Sino sincronizarse.
Los ciento veintiséis tipos de conciencia estaban comenzando a pensar juntos.
A sentir juntos. A comprender juntos.
Y en Viena, en una cámara que había