[ALYA]
El amanecer entra por los ventanales del penthouse como un intruso silencioso. La luz rosada acaricia las sábanas enredadas, los restos de una noche que todavía siento en mi piel. Una noche que no fue solo deseo, fue desahogo, fue miedo, fue amor contenido hasta rompernos.
Zaed duerme a mi lado. O eso intenta.
Sé que está despierto por cómo respira, por la tensión en sus hombros, por la forma en que su mano me sostiene como si temiera que desapareciera si la aflojara un segundo.
No digo