Mundo ficciónIniciar sesiónTras largos años de un compromiso acordado por sus padres, el rey Zuberi cumplió su sueño de casarse con el amor de su vida, la reina Brida del reino del Oeste. Sin embargo, ella no corresponde a sus sentimientos porque aún no olvida a su primer amor que falleció en penosas circunstancias. Un día, se presenta al trono una chica de quince años, quien se autoproclama la hija perdida de la reina. La presencia de la joven causa revuelo en la Corte y Zuberi se debate entre si despreciarla o aceptarla, siendo que pertenece a aquel hombre que, a pesar del tiempo, todavía ocupa el corazón de su esposa.
Leer másMiro agradecida a mi amiga Shelly, era la primera persona a la que había conocido al mudarme a Nueva York, y desde entonces éramos inseparables, aunque no podíamos vernos todo el tiempo, ya que mi trabajo solía ser a tiempo completo y además de los mensajes texto, las visitas eran esporádicas.
—Te adoro, de verdad — le digo mientras pongo la última caja en su habitación de invitados, hace una semana había renunciado a mi empleo, pero por desgracia, eso significaba renunciar a un penthouse de lujo en la Black Tower, pero valía la pena, el último mes había sufrido seriamente el acoso del hijo mayor de mi jefe. Dimitri Black era un niño con serios problemas, incluso si sus padres se negaban a verlo, y no solo el mayor, su melliza, Lyz era una completa perra, el siguiente, Steve, un enclenque engreído que conseguiría sacar de quicio a un santo, tengo veintidós, pero esos tres me sacaban canas, literalmente, y eso que no contaba a los otros dos.
- Lo sé cielo, pero ya sabes que no puedes estar por mucho tiempo - me recordó, lo que hizo sentir ligeramente culpable, ella estaba embarazada, aun de un par de meses, pero los suficientes como para que lo dijera. Aunque claro, Shelly siempre decía lo que tenía en la cabeza.
De verdad, te prometo que solo serán un par de meses - dije, ella era enfermera en el hospital local y su marido de hace tres años, Stuart, abogado corporativo, su casa era amplia, pero incluso cuando yo era niñera de los niños ricos, ellos se negaban a dejarme en la casa, ¿La razón? Stuart simplemente contestó: "Quiero que sigamos teniendo sexo en cualquier lado sin tener que preocuparme de que ella nos vea".
- Te creo cielo - dice con una sonrisa antes de salir de la habitación, había tomado el empleo con los Black gracias a mi hermana Hannah (Que era amiga íntima de la pareja), hasta hace dos meses había terminado mi carrera y por fin obtuve mi MBA, por desgracia, el Señor Black no me había admitido como la nueva practicante de CEO.
Así que Balck Industries había salido de mi lista de posibles admisiones, como recién graduada sin experiencia, tal vez conseguiría un empleo de asistente o secretaria, y con algo de suerte, tardaría un par de años en ascender...espero y la vida no sea tan mala conmigo.
No desempaco realmente, solo un par de vestidos por si acaso, ropa para trabajar que consistían en elegantes faldas de tubo hasta la rodilla e incluso algunas a media pierna, camisas elegantes y un par de blusas, los únicos tacones que encontré eran los de pedrería que había utilizado cuando acompañé a los Black a una entrega de premios con los Vince. Uno de los beneficios de trabajar para uno de los hombres más sexys de Estados Unidos es poder asistir a eventos de alcurnia, había conseguido un par de buenos contactos.
Me pasé el primer mes en un constante ir y venir de entrevistas de trabajo, y agencias inmobiliarias, necesitaba un departamento, con los Black gané suficiente dinero para darme una buena vida, ya que el trabajo en sí, me daba todas las comodidades que podría necesitar, aunque los ricos siempre me parecieron excesivos.
Luego de que me rechazaran por una rubia de largas piernas dispuesta a follarse a su jefe en mi tercera entrevista del día, agradecí la llamada de Daemon Black, el hombre era un tipo genial, para tener treinta y seis años y tener hijos como los suyos, su humor era encantador, su esposa, si bien parecía querer arrancarme los ojos cuando me miraba, no era completamente mala compañía
- Natasha Hoffman - saludo, igual que siempre, era algo que había aprendido de los Black, y los importantes en sus círculos sociales (que por alguna razón incluían a mi hermana) me hacía sentir importante.
- Natasha - me saludó con voz suave Daemon Black, seguro como siempre - ¿Estás ocupada?
- No, en realidad no - admito sintiendo como se esfuma el sentimiento mientras me ajusto mi abrigo y me uno a la multitud en las calles de Nueva York, pensando seriamente en ir a buscar mi auto al taller.
- Bien, ¿Puedes venir a Cherry Wine's? Amy y yo queremos hablar - hago una mueca, podía hablar con Black, era genial, pero su mujer me ponía nerviosa
- Seguro - accedí, pensando en cómo conseguir una buena oportunidad de esta charla, y el Cherry estaba cerca, los ejecutivos importantes solían almorzar allí.
- Excelente, te estaremos esperando - dijo, antes de cortar, suspiré decidida a conseguir un empleo incluso lamiendo los tacones a Amelya Bonticcelly, aunque en el mundo de los negocios su marido era más influyente, su decisión también pesaba, era como ser juzgado por Dios solo que era malditamente prepotente y arrogante.
Media hora más tarde consigo llegar al lujoso restaurante, dos plantas de puro lujo: fuentes, espejos, plantas y mucho vidrio, todo era elegante y extremadamente caro, así que solo pediría un vaso de agua.
Mis ex jefes esperan en el segundo piso, reservado exclusivamente para ciertos miembros de la élite corporativa.
Daemon era demasiado alto, medía cerca de dos metros, todo músculo y cerebro, el cabello dorado le caía en suaves rizos perfectamente ajustados, cualquiera podría decir que esos rizos eran así por naturaleza pero yo había visto perfectamente al tiburón de los negocios en una bata de baño desteñida, con rulos de colores, pantuflas de Bob esponja, delantal y un cigarrillo, era una imagen difícil de olvidar, pero en este momento llevaba un perfecto traje gris hecho a la medida que resaltaba los claros ojos azules, a primera vista podría parecer alguien poco hablador y bastante huraño.
Su esposa era una mujer sofisticada, actriz y bailarina de ballet profesional con reconocimiento internacional, rubia y con unos impresionantes ojos grises, al parecer, ser la esposa del hombre más rico del mundo le otorgaba cierto papel de arpía, pero solo era una diva a la que no le agradaba que las mujeres se acercaran demasiado a su hombre, yo misma había sufrido de sus infundadas sospechas (culpo a mi hermana Hannah por ello) pero no me malinterpreten, dejando eso de lado, la mujer era cálida y alegre, su piel pálida y sin imperfecciones la hacía parecer regía o incluso como una estatua de mármol a la vez que una muñeca de porcelana, era macabra.
- Hoffman - murmura, pareciendo molesta
- Ignórala - me dijo Daemon, dándome un cordial beso en la mejilla antes de sentarse de nuevo, se sentó recto y con las manos juntas en la mesa -quería hablar de negocios, está molesta porque la hice venir desde Rusia.
- Interrumpiste una grabación importante - gruñó ella en respuesta.
- Yo soy tu esposo y eso es más importante -respondió mirándola fijamente para luego volver su atención nuevamente a mi.
- ¿De acuerdo? - susurré no muy segura de que sucedía.
- Seré rápido ya que tengo una junta importante en una hora, me enteré de que estás buscando trabajo y el imbécil de Gregory te rechazó - dijo, asentí como si realmente supiera de quien estaba hablando, la verdad, no había tenido tiempo de memorizar nombres - Así que me tomé la libertad...
- La molestia quieres decir - lo interrumpió Amy mientras llamaba a un camarero, Daemon miró a su esposa con un leve ceño.
- ¿Tienes que hacer esto ahora? -preguntó, pero no esperó respuesta, aunque su mujer no parecía querer dársela, me miró - Como te decía, te concerté una entrevista con Harmond INC - dijo el nombre con recelo, Harmond INC era la única compañía que le podía hacer competencia a Black Industries, fruncí el ceño - Por mucho que me sienta mal por decirlo es una excelente compañía, sí Black Industries no puede tenerte, no veo porqué ellos no. Eres buena y no debes desaprovecharlo, el señor Harmond está casi en la tumba así que su CEO está pronto a ser el nuevo dueño legal, el puesto quedará libre y hace poco despidieron al practicante.
- ¿Me contratarán como asistente administrativa del CEO? - cuestioné, entre nerviosa y excitada. Era una oportunidad genial, Daemon Black asintió, mientras miraba disgustado a su mujer, quien tomó su teléfono y murmuraba en un italiano rápido y fluido.
- Conseguí la entrevista, así que lúcete - me aconseja - probablemente te pongan a prueba por unos meses y luego empezarás a trabajar mano a mano con el CEO, no puedo ni pronunciar su apellido, pero es un ruso llamado Francis.
- ¿Un ruso llamado Francis? - repetí, eso no sonaba muy ruso, Black se limitó a encogerse de hombros.
- Cariño - interrumpió Amy, inclinándose hacia su esposo - Dimitri está en la dirección...otra vez.
- ¿Qué hizo esta vez? - cuestionó Black con un ligero gruñido de molestia, la mujer no parecía comprender el comportamiento de los niños.
- Al parecer agredió a un maestro - explicó ella, se disculparon antes de retirarse.
La duquesa Mila estaba en el castillo del príncipe Abiel, bordando un motivo de flores y mariposas en su pañuelo. Su esposo le había dicho que quería hablar a solas con el príncipe Aaron, por lo que decidió esperarlo en su oficina privada.“Me pregunto de qué hablarán”, pensó Mila. “¿Será que querrán cortar los negocios con nuestro reino para que no les saquemos más el cobre?”Mientras tanto, Abiel y Aaron estaban conversando en el patio del castillo. Ambos hombres se encontraban sentados encima de unos bancos y contemplaban el cielo, en silencio.En un momento, Aaron dijo:— Pronto me voy a casar.Abiel tosió y, mirándolo con sorpresa, le preguntó:— ¿Pero a qué loca se le habrá ocurrido elegir a un hombre tan temerario como su esposo, hermano?Aaron lo fulminó con la mirada, mientras que Abiel fingía temblar de miedo. Luego, el príncipe dio un largo suspiro y le dijo:— Nuestra madre cree que se aprovecharon de tu generosidad y exige que limites las transacciones del cobre a los del
Lord Aries pegó un grito al ver cómo su rey fue disparado al corazón. El príncipe Abiel, por otro lado, se acercó rápidamente a la duquesa Sonia y, con un solo movimiento de su espada, le cortó la mano con la que enfundaba el arma. Mara, por su parte, quedó en shock al ver cómo el monarca dio la piel para protegerla, lo que la llenó de espanto y tristeza, ya que nunca más tendrían la oportunidad de mejorar su relación como padre e hija.Los piratas que habían disparado a los drones comenzaron a acercarse al grupo. Pero tanto Abiel como Aries tomaron a la perversa mujer y la apuntaron en sus puntos vitales. Al instante, los aviones de emergencia se acercaron y, de ahí, bajaron varios soldados para contener a todos los piratas de esa isla.Unos cuantos ya habían fallecido por los cañones dirigidos por la duquesa Mila. Otros, fueron liquidados por los soldados de la reina debido a que pusieron resistencia. Y los pocos que sobrevivieron, bajaron sus armas y se rindieron ante el gran poder
Los piratas activaron sus cañones, dispuestos a disparar. Mientras, el rey Zuberi se arrojó al mar e intentó nadar hacia el bote de sus compañeros. Pero debido al peso de su armadura, comenzó a sacársela para evitar hundirse en lo profundo. Por suerte, lord Aries tenía una cuerda a su disposición, la cual la lanzó directo a él para que la tomara y pudiera retornar al bote sin tener que sortear las olas.La duquesa Sonia, al ver esto, ordenó a uno de los piratas:— ¡Dispara hacia esas personas! ¡Quiero ver sus cadáveres flotando en el agua!Como si le hubiesen leído el pensamiento, un proyectil proveniente del barco impactó cerca de donde estaban, por lo que no pudieron atacar al equipo del rey desde la distancia.Tanto la duquesa como los piratas se arrojaron al suelo y se cubrieron las cabezas con sus manos, a modo de evitar ser alcanzados por los disparos.— ¿Es que no les importa lo que le pasen a esas chicas? – preguntó la duquesa Sonia, en voz alta.Un par de minutos después, se
El rey Zuberi se dio cuenta de que habían llegado a un punto muerto. Por un lado, ellos no podían atacar la isla, mientras que Mara y Rubí estuviesen ahí cautivas. Pero, por otro lado, si la duquesa las mataba en ese instante, sería ella quien tendría las de perder. Ni él quería sacrificar a las chicas ni ella destruir su reciente reinado.El capitán Aries, al verlo tan tenso, apoyó una mano sobre su hombro y le dijo:— Majestad, decida lo que decida, sabe que siempre lo apoyaré.— Hay cañones en las torres de vigilancia – señaló el príncipe Abiel – no podemos enviar botes de rescate hacia las laterales sin que nos detecten.En un momento, Zuberi notó que sonaba su dispositivo comunicador. Atendió y vio un mensaje de texto de la duquesa Mila, quien permaneció en el barco para comandar las naves voladoras en caso de emergencia.El texto decía: Tengo drones a disposición, cedidos por los técnicos de mi esposo. Esto no lo sabe nadie más que yo debido a que planeaba usarlos a nuestro favo
Mientras la llevaban al hospital, la reina Brida había perdido el conocimiento, no pudo soportar los mareos, las nauseas ni la vergüenza de mostrarse vulnerable ante una monarca extranjera.Cuando despertó, ya estaba acostada en una cama y siendo atendida por los enfermeros del hospital. El médico real se acercó a ella y, con una amplia sonrisa, le dijo:— Felicidades, majestad. Está usted embarazada.Brida no podía creer lo que estaba escuchando. Por un instante, pensó que seguía soñando y se pellizcó la mano para corroborarlo. Luego, se palpó el vientre y preguntó:— ¿Embarazada? ¿De verdad lo estoy?— Así es, su majestad – respondió el médico, manteniendo su sonrisa – la razón de los mareos y arcadas era por ese motivo. Ya lleva algo de tiempo en su vientre, pero tal parece que no pudo notarlo.Brida intentó recordar la última vez que tuvo su periodo. Normalmente, tanto ella como Zuberi habían sido muy meticulosos con eso, pero tras los últimos acontecimientos surgidos, se les olvi
El rey Zuberi convocó a lord Aries, a la duquesa Mila y al príncipe Abiel para ir todos juntos al rescate de la princesa. Esta vez irían de frente, dentro de un gran barco con avionetas de escape en caso de emergencia. Mila, quien leía la lista de aviones disponibles, comentó:— Esa perversa mujer ha cruzado la línea. ¿Cómo se le ocurre exigir a la reina Brida a que renuncie a su trono y se entregue? ¡Nadie de este reino lo aceptaría!— Ella siempre soñó con sentarse en esa silla, hermana – dijo Zuberi – su ambición la cegó hasta el punto de llegar a matar a su propia sangre, sin medir las consecuencias.— Mi hermano estará cuidando de mis terrenos en mi ausencia – dijo el príncipe Abiel – descuiden, él es alguien muy confiable y accesible, seguirá con el mismo trato que establecieron ambas coronas para el uso del cobre.— De todas formas debes cuidarte, querido esposo – le dijo Mila – y tú también, hermano. Ambos son parte de la realeza, no quiero imaginar el conflicto que se armaría
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