AMELIA
El apartamento estuvo en completo silencio todo el día.
Sin música desde la habitación de Ethan. Sin el sonido de platos. Solo el zumbido del refrigerador y algún que otro claxon lejano, treinta pisos más abajo. Me senté en la terraza con una taza de té que no bebí, mirando la ciudad como si pudiera darme respuestas.
Ethan me encontró allí a las seis.
Se apoyó en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, como si tampoco hubiera dormido. Sus ojos estaban enrojecidos, la mandíbula te