—¿Por qué lloras? —preguntó Sandro asustado, la tomó por sus hombros y la acercó a él —¿Por qué lloras Ellie?
Ella tapó su rostro, no podía creer que Sandro dijera que se había enamorado de ella, mientras que ella era una malcriada, un dolor de trasero, una mocosa inmadura, que solo pensó en ella y lo que creía que era correcto para y por ella.
—Dame unos minutos, Sandro, estaré contigo en unos minutos —dijo después de unos minutos, se levantó de la cama y se marchó a su habitación.
Sandro se q