La penumbra envolvía la biblioteca privada de la mansión de Marko, apenas iluminada por la cálida luz de un par de lámparas antiguas. Las paredes estaban cubiertas de estantes de madera oscura rebosantes de libros encuadernados en cuero, y un aroma a papel viejo y barniz llenaba el aire. En el centro, una gran mesa de caoba sostenía un pesado candelabro de bronce, aunque ninguna de sus velas estaba encendida.
Marko estaba de pie junto a una de las altas ventanas, con las cortinas entreabiertas d