Era un mediodía soleado, y el jardín del colegio estaba tranquilo. La mayoría de los estudiantes se encontraban en las aulas o en otras áreas del campus. Valentina disfrutaba de un momento de calma, sentada en una banca metálica junto a una pequeña fuente, esperaba que Mariana regresara del baño cuando Merina apareció de repente. Su silueta destacaba al caminar con paso firme, el cabello negro perfectamente liso caía como un manto.
—Vaya, vaya, si no es la pequeña Valentina —dijo Merina con una