Había llegado el cumpleaños de Merina. La noche era cálida, y una suave brisa mecía las flores del vasto jardín de la mansión. Las luces del exterior iluminaban los senderos adoquinados y proyectaban sombras danzantes sobre los árboles. Merina y Marko estaban de pie junto a una pérgola cubierta de enredaderas, desde donde se podía escuchar el lejano murmullo de los invitados. Por fin ella había logrado tener un momento de privacidad con el joven.
Merina lucía diferente esa noche. Su cabello negr