NARRADOR OMNISCIENTE
La puerta de la estancia principal se abrió de golpe, anunciando con su estruendo la llegada de Débora. Sus pasos resonaron contra el suelo de mármol, firmes, cargados de una furia contenida que apenas le permitía respirar. Sus labios, apretados en una delgada línea, traicionaban la tormenta que llevaba en el pecho. En el centro del salón, bajo la opulencia de una lámpara de cristal que colgaba como una joya en el techo, estaba su tía Minerva, justo al final de una llamada