DÉBORA
No debió haber vuelto; solo tenía que hacer una cosa bien: quedarse escondida en el hoyo de donde salió, desaparecer, jamás cruzarse en nuestro camino. Pero no lo hizo. Mi prima tuvo los cojones de aparecer y humillarme como nunca. Esta noche intenté contraatacar, pero mi tío Alejandro estaba tan embelesado con su regreso, con su "princesa", que no funcionó nada de lo que mi tía y yo habíamos preparado para ella.
Incluso con el asunto de la cena, mi tía se encargó de ordenar hacer una co