96. Cuídala como si fuera un tesoro
Ernesto Duarte
Mamá le preguntó a Erik si se quedaría a cenar. Él se llevó la mano a la nuca, como hacía cuando estaba nervioso o pensativo, y respondió:
—Llamaré a Marisol, iré por ella. Le dará mucho gusto ver a Karla.
Vi cómo mi hermana fruncía el ceño de repente.
—Es verdad, mi Marisolita… también a ella la había olvidado. —Karla sonrió con cierta ternura, como si de pronto le hubieran devuelto un recuerdo preciado—. Tengo muchas ganas de verla y platicar. Además, quiero saber cómo es que a