80. Desesperados
Sara Sandoval
Me dejaron entrar a las celdas para ver a Ernesto. Llevaba conmigo una bolsa con algo de comida y unas cuantas cosas personales: un cepillo de dientes, pasta, un cambio de ropa... y otras cosas que no resolvían nada, pero que me hacían sentir que podía ayudar en algo. Tenía el estómago hecho un nudo.
El oficial abrió la puerta de seguridad con un chillido metálico que me erizó la piel. Tragué saliva. Nunca había estado en un lugar así. El olor a humedad, a encierro… todo era tan a