66. Un regalo inesperado
Erik Cazares
Había sido un día eterno. Mi espalda dolía, mis hombros estaban tensos y lo único que deseaba en ese momento era una ducha caliente y una cama donde desmayarme por al menos doce horas.
Iba a subir directo, pero al pasar junto al despacho vi la puerta entreabierta. Dudé por un segundo, pero terminé tocando con suavidad.
—Adelante —dijo la voz de mi padre.
Empujé la puerta con lentitud. Lo vi sentado en el sofá, con el brazo rodeando la cintura de mamá, quien descansaba contra él, re