53. Chica enigma
Erik Cazares
El sonido del teléfono en altavoz llenaba el silencio de mi oficina, y la voz grave de mi padre se filtró con esa serenidad que siempre me recordaba a casa.
—¿Cómo está todo por la empresa? —preguntó, directo como siempre.
Me recargué en el respaldo de la silla, echando una rápida mirada a la ventana. —Todo va bien, papá. Ernesto y yo... nos hemos puesto de acuerdo para trabajar en equipo.
No pude evitar sonreír antes de añadir, con un toque de humor: —Justo a tiempo lo domaron.
De