26. Novios
Emilia Díaz
El calor de su cuerpo envolvía mi espalda, su respiración pausada y profunda acariciaba mi nuca, enviando escalofríos que recorrían mi piel como un estremecimiento inevitable. Sentí el peso de su brazo ceñirse más firmemente alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él con una familiaridad que aún me resultaba desconcertante.
Cerré los ojos con fuerza, tratando de procesar todo. Habíamos vuelto a hacerlo. Nos habíamos dejado llevar una vez más por la intensidad del momento, por la