Los ojos de Alessandro, el tío de Catarina, buscaban en ella cualquier señal de duda, algo que desmintiera lo que acababa de escuchar. Pero Catarina permaneció inmóvil, sosteniendo la mirada de su tío, aunque sintiera el corazón apretarse.
—Sé lo que está pensando, tío… —comenzó, con calma. —Pero la