Charlotte apoya la frente en la ventanilla del avión, observando cómo las nubes se apartan mientras el suelo de Brasil aparece allá abajo, cada vez más cerca. El sol golpea directamente su rostro, pero ni siquiera se mueve. Está lejos de allí. Perdida en sus propios pensamientos.
El avión comienza a descender, y el aviso de abrocharse los cinturones resuena por la cabina. Aun así, su corazón parece más apretado que cualquier cinturón de seguridad.
«¿Qué estoy haciendo?»
«¿Cómo me metí en esto?»