Ava sostiene la pluma con firmeza entre los dedos. Sus ojos recorren nuevamente la última cláusula, como si quisiera asegurarse de que estaba en control. Y, en el fondo, creía que lo estaba, pues siempre se consideró una mujer muy inteligente.
Entonces, asiente levemente con la cabeza.
—Está todo bien —dice, firme, como quien sellaba un acuerdo bajo sus propios términos—. Estoy de acuerdo.
Sin dudar más, firma el contrato con una firma segura y decidida. Y, en ese instante, pensaba que eso la b