Una sonrisa esbozada amenaza con aparecer en los labios de Hector, pero se contiene rápidamente. Después de todo, él más o menos esperaba esa reacción. Sabía que, en cuanto Ava recuperara completamente la memoria, el orgullo y la vergüenza la dominarían, impidiéndole enfrentar a sus padres y admitir que se había equivocado.
Sin embargo, finge no entender.
—¿Qué quieres decir con eso?
Ella se acerca nuevamente a la mesa donde él está sentado y comenta:
—Ya es muy tarde, y no creo que sea buena i