Con pasos apresurados, Rafaela camina hasta el mostrador del establecimiento y pide una botella de agua, angustiada al ver el estado de su marido, que sigue sentado, paralizado por el impacto de la revelación. El camarero le entrega la botella con rapidez y ella regresa de inmediato.
—Aquí, amor —dice, entregándole el agua y agachándose levemente a su lado. —Intenta respirar hondo, cálmate.
Ethan toma el vaso con las manos temblorosas y bebe un sorbo. Luego se recuesta nuevamente en la silla y