Mientras los dedos de Hector se deslizan con delicadeza por la piel de su cintura. Él la atrae más cerca, uniendo sus cuerpos. El beso que comparten es lento y profundo. No había prisa. Solo el deseo silencioso de estar juntos, en paz.
—Tienes sabor a calma —murmura contra sus labios.
Ava sonríe, acariciando el rostro de él con la punta de los dedos.
—Y tú a fuego… y me encanta quemarme.
Hector sonríe de lado y vuelve a besarla con más intensidad, pero antes de que el momento pudiera avanzar, o