Algunas horas después, mientras terminan de vestirse, un golpe en la puerta interrumpe el ambiente ligero entre ellos.
Lanzando una mirada cómplice a su esposo, Ava se asegura de que él ya esté completamente vestido antes de responder.
—¡Puedes pasar!
La puerta se abre lentamente, revelando a Frida, con el cabello ligeramente desordenado y el rostro enrojecido, como si hubiera cruzado la ciudad corriendo.
—Aquí está, señora —dice, acercándose con pasos cautelosos, mientras sus ojos recorren dis