Al darse cuenta de que su esposo hablaba en serio, se levanta y camina hacia él, con una mirada que sugería que la idea no era tan mala. Sin embargo, ve la caja en sus manos y decide provocarlo.
—¿Y esa caja? ¿Por casualidad trajiste juguetitos para que los usemos?
El cuerpo de él se estremece, haciendo que el deseo pulse con fuerza.
—No exactamente, pero ahora que lo mencionas, creo que debería empezar a pensar en invertir en eso también —bromea, acercándose aún más.
Antes de inclinarse para b