Horas después, ya en casa, Ava se prepara para la cena. El día fue intenso, pesado… pero liberador. Había enfrentado otra tormenta y, esta vez, salió de pie. Mientras se mira en el espejo, ajustando un vestido ligero, respira hondo, lista para afrontar los próximos pasos. Hector, ahora a su lado, representaba más que un amor recuperado; era su fuerza.
En el comedor, Rafaela organiza la mesa con esmero. Todo estaba impecable. Cubiertos alineados, copas brillando y el aroma de comida casera llena