Al percibir que el ambiente se volvía cada vez más tenso, Rafaela se acerca a su marido y, con voz serena, intenta contener el fuego que amenaza con estallar allí.
—Amor, por favor… ahora no es el momento —pide, apoyando la mano en su brazo.
—¿Y cuándo va a ser, entonces? —responde Ethan, con los ojos ardiendo de angustia. —¡Es la vida de nuestra hija la que está en juego! No voy a quedarme de brazos cruzados otra vez, no después de casi perderla una vez. Si puedo hacer algo, lo haré.
—Lo sé. Y